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La impunidad por el asesinato de periodistas

La edición 2017 del Índice Global de Impunidad del CPJ se centra en los países donde asesinan a periodistas y los responsables de tales crímenes continúan impunes

Homenaje a la periodista Daphne Caruana Galizia, un día después de su asesinato, en St. Julian, Malta, el 17 de octubre de 2017
Homenaje a la periodista Daphne Caruana Galizia, un día después de su asesinato, en St. Julian, Malta, el 17 de octubre de 2017

AP Photo/ Rene Rossignaud

Este artículo fue publicado originalmente en cpj.org el 31 de octubre de 2017.

Por Elisabeth Witchel

La impunidad por el asesinato de periodistas puede ser un ciclo incontrolable que se extiende por un decenio o más, según la décima edición anual del Índice Global de la Impunidad, que es elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) y que consiste en una clasificación de países donde asesinan a periodistas y los responsables de tales crímenes siguen impunes. Siete países presentes en esta edición del índice han figurado cada año desde la primera publicación del índice, hace un decenio, y entre ellos se encuentra Somalia, que es el peor país en materia de asesinatos no resueltos por tercer año consecutivo.

La impunidad crece en escenarios de conflicto, donde poderosos actores a menudo emplean la intimidación violenta para controlar la cobertura informativa, mientras la ausencia o debilidad de la ley y el orden aumenta la probabilidad de los ataques. La justicia para más de dos docenas de periodistas asesinados en Somalia en el último decenio es una de las bajas del prolongado conflicto civil y de la insurgencia llevada a cabo por el grupo extremista al-Shabaab.

La guerra de Siria provocó que ese país ocupara el segundo peor lugar en el índice, en comparación con el tercer lugar del año pasado. El tercer lugar en esta edición del índice es para Irak, donde los periodistas están amenazados por el grupo radical Estado Islámico y por milicias respaldadas por el Gobierno, entre otros grupos.

Los enfrentamientos entre facciones políticas en Sudán del Sur, que ocupa el cuarto puesto en el índice, son el trasfondo de una emboscada realizada en 2015 y en la cual cinco periodistas murieron. Por su parte, las amenazas de grupos extremistas violentos que actúan fuera del alcance de las autoridades sustentan las elevadas tasas de impunidad de otros tres países que figuran en el índice: Pakistán, Bangladesh y Nigeria.

Afganistán abandonó el índice por primera vez desde que el CPJ comenzó a elaborarlo, en 2008. Aunque las condiciones de seguridad continúan volátiles y no se han logrado condenas en casos de asesinato de periodistas, el asesinato selectivo de periodistas ha disminuido. En lugar de ello, las muertes recientes se atribuyen a actos de violencia en mayor escala como el atentado con camión bomba en el centro de Kabul, en mayo, donde murieron 150 personas, entre ellas un periodista. Más de una docena de periodistas han caído en este país en el último decenio mientras cubrían combates, en incidentes de fuego cruzado o mientras realizaban coberturas peligrosas. El CPJ tiene constancia de solamente dos asesinatos, ambos sin resolver, durante el período comprendido en esta edición del índice.

El índice de impunidad, publicado cada año para conmemorar el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, el 2 de noviembre, calcula el número de asesinatos no resueltos de periodistas en un período de 10 años como un porcentaje en relación con la población de cada país. Para la edición correspondiente a este año, el CPJ analizó los asesinatos de periodistas que ocurrieron en cada país entre el 1 de septiembre de 2007 y el 31 de agosto de 2017. Únicamente aquellas naciones con cinco o más casos no resueltos en este período fueron incluidas en esta edición del índice -12 países reunieron los requisitos del índice este año, en comparación con 13 en la edición previa-. Conozca más sobre la metodología del CPJ.



El conflicto no es la única causa de la impunidad. En países como Filipinas, México, Brasil, Rusia e India -países que se presentan como democracias pero que han aparecido reiteradamente en el índice- funcionarios gubernamentales y grupos criminales siguen impunes pese a las elevadas cifras de asesinato de periodistas.

Durante el decenio en el que el CPJ ha publicado el Índice Global de Impunidad, el puntaje de impunidad de Somalia se ha disparado en 198 %. Otros países en los cuales el puntaje de impunidad aumentó en la mayor proporción durante el último decenio fueron México (142 %), Pakistán (113 %) e India (100 %). Siria (subió 195 %) y Brasil (subió 177 %) experimentaron enormes incrementos en el puntaje de impunidad a pesar de no aparecer en el índice todos los 10 años.

Además de Afganistán, cuatro países que han figurado en el índice han salido de él en varios momentos desde 2008: Colombia, Sierra Leona, Sri Lanka y Nepal. Su salida del índice se atribuye principalmente a la reducción de la violencia como resultado del fin de conflictos civiles y no al logro de condenas. Solamente Colombia y Nepal condenaron a los autores materiales de asesinatos de periodistas, y apenas en un puñado de casos.

La atención internacional a la cuestión de la impunidad por el asesinato de periodistas se ha incrementado en los últimos 10 años. La Organización de las Naciones Unidas ha adoptado un total de cinco resoluciones -tres en el Consejo de Derechos Humanos, una en la Asamblea General y una en el Consejo de Seguridad- que instan a los Estados a tomar medidas para promover la justicia cuando se ataca a un periodista. En este año también se conmemoró el quinto aniversario de la adopción del Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas y la Cuestión de la Impunidad.

Este año, 23 Estados -inclusive ocho países de esta edición del índice- respondieron a la solicitud del director general de la UNESCO para que informaran sobre el estado de las investigaciones de casos de asesinato de periodistas. Pakistán acusó recibo de la solicitud, pero no suministró información. Tres países que figuran en esta edición del índice -India, Sudán del Sur y Siria- no respondieron en absoluto. El CPJ y otras organizaciones de libertad de prensa abogan por la plena participación de todos los Estados en este mecanismo de rendición de cuentas.

Otros hallazgos obtenidos a partir de los datos del CPJ sobre asesinatos de periodistas son:

- Los 12 países del índice son responsables de casi el 80 % de los asesinatos no resueltos que ocurrieron en todo el mundo durante el decenio que terminó el 31 de agosto de 2017.
- Cuatro países que aparecen en esta edición del índice -India, México, Nigeria y Filipinas- integran el consejo de gobierno de la Comunidad de Democracias, una coalición dedicada a mantener y fortalecer las normas democráticas.
- En cinco de los países presentes en el índice, se produjeron nuevos asesinatos durante el año pasado, un testimonio del ciclo poderoso de impunidad y violencia.
- Grupo políticos, entre ellos el Estado Islámico y otras organizaciones extremistas, son sospechosos de la autoría material de los crímenes en la tercera parte de los casos de asesinato. Funcionarios gubernamentales y miembros de las fuerzas armadas son considerados los principales sospechosos en aproximadamente la cuarta parte de los asesinatos.
- Aproximadamente el 93 % de las víctimas de los asesinatos son periodistas locales. La mayoría cubría la política y la corrupción en sus países natales.
- En por lo menos el 40 % de los casos, las víctimas de los asesinatos denunciaron haber recibido amenazas antes de morir asesinados, lo cual resalta la necesidad de contar con sólidos mecanismos de protección.
- En apenas el 4 % del total de casos de asesinato se ha logrado plena justicia, lo cual incluye el enjuiciamiento de los autores intelectuales del crimen.
- En el último decenio, aproximadamente el 30 % de los periodistas asesinados han sido capturados primero -una proporción superior al promedio histórico de 22 %, documentado desde que el CPJ comenzó a llevar estadísticas al respecto en 1992-. La mayoría de los capturados fueron torturados, una manera de enviarles un mensaje intimidatorio a los compañeros de las víctimas.

Lee el informe.

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