El presidente Correa no puede esperar crear una nueva situación de pluralismo mientras persistiendo en replicar de forma tan extrema e intransigente ante la menor crítica que recibe de la prensa, dice RSF.
(RSF/IFEX) – 6 September 2011 – RSF envía una carta al presidente Rafael Correa sobre la hostilidad sistemática que enfrenta a una parte de la prensa privada.
Ec. Rafael Correa Delgado
Presidente de la República
Palacio de Carondelet
Quito, Ecuador
Señor Presidente,
Reporteros sin Fronteras, organización internacional de defensa de la libertad de expresión, ha dado cuenta recientemente de las tensiones, cada vez mayores, que lo enfrentan a una parte de la prensa privada. Este conflicto se ha agravado aún más en el contexto de la demanda que usted interpuso contra el diario El Universo ( http://es.rsf.org/ecuador-el-presidente-rafael-correa-se-21-07-2011,40672.html ). Hoy, tememos que una polarización como ésta afecte no sólo al pluralismo editorial, sino también al necesario debate en la sociedad ecuatoriana sobre la comunicación y la información. La situación exige elecciones claras de su parte.
Tras el fallo de un juez de primera instancia, emitido el 20 de julio pasado contra el periódico El Universo y tres de sus representantes, usted tuvo una actitud paradójica. A la apelación interpuesta por los acusados contra este juicio, se sumó la de los abogados de usted cuando la indemnización económica fue reducida a 40 millones de dólares, en lugar de los 80 millones de dólares que usted reclamaba en un inicio. La multa –que en ambos casos es exorbitante a nuestro parecer– estaba acompañada de penas de prisión contra los tres acusados. Entonces, manteniendo la demanda contra El Universo, usted mismo declaró que no deseaba a toda costa la detención de los periodistas acusados. Por otra parte, el 28 de agosto pasado usted tuvo la atención de enviar una carta al personal del periódico (Descargar Carta), en la que aseguraba: «jamás permitiré que los trabajadores [del diario] sean las víctimas de la mala fe e irresponsabilidad de aquellos que, por manejar un negocio de comunicación, se creyeron propietarios hasta del honor de las personas».
Reporteros sin Fronteras nunca negó la agresividad, incluso los excesos cometidos por algunos periodistas en las críticas de su persona. Asimismo, comprendemos que se haya sentido herido personalmente por la terrible acusación de «crímenes de lesa humanidad» –que originó el presente proceso– formulada contra usted tras la sublevación policíaca del 30 de septiembre de 2010. En lo que concierne a este acontecimiento, la posición de Reporteros sin Fronteras fue clara desde un inicio ( http://es.rsf.org/ecuador-censura-y-brutalidad-contra-la-01-10-2010,38483.html ). Sin embargo, recordemos que este sublevamiento nunca fue apoyado ni alentado por una prensa crítica o de oposición a su gobierno, como ha sido el caso en otros países del continente.
Sobre todo, los acontecimientos del 30 de septiembre de 2010 no deben servir de ninguna manera para justificar la hostilidad sistemática contra una parte de la prensa que, aunque ya existía antes, se ha acentuado desde entonces. La indemnización que usted exige al diario El Universo constituye una verdadera incitación a la autocensura. Usted no puede a la vez mantener la demanda y mostrarse tranquilizador frente al personal del diario. Es hora de elegir y la decisión trasciende este caso, que no es el único en su género.
Usted no puede esperar crear una nueva situación de pluralismo en su país y promover un equilibrio entre los diferentes tipos de medios de comunicación, persistiendo en replicar de forma tan extrema e intransigente ante la menor crítica que recibe de la prensa. Revolución o guerra mediática, aún hay que elegir.
Reporteros sin Fronteras intentó ofrecer un análisis justo y ponderado de la versión inicial del proyecto de Ley de Comunicación ( http://es.rsf.org/ecuador-el-volcan-mediatico-y-su-delicada-15-06-2010,37742.html ). El debate sobre esta futura legislación se retoma hoy tras un largo periodo de controversia. El texto propone importantes enmiendas, como la despenalización de los delitos de prensa y la estricta limitación de los contenidos que habría que regular o prohibir (pedofilia, llamados directos al odio, el racismo o la discriminación, incitaciones reivindicadas a la violencia). También implica renunciar a toda pretensión de definir «la información veraz, oportuna y contextualizada».
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